Parece que la franja de edad más peligrosa de la llamada caja tonta -no tan tonta si nos atrapa tanto- estaría entre los seis y once años, período en el que según los psicólogos conductistas los niños se creen todo lo que aparece tras la inofensiva? pantalla. También está comprobado de manera científica y a pie de aula que el desarrollo lector, el empobrecimiento del lenguaje y la asimilación de modelos televisivos nada recomendables provocan fracaso escolar por atontamiento. Por tanto tal electrodoméstico y su manoseado mando - reinantes en salas de estar, cocinas, habitaciones e incluso baños de diseño- son una bomba que puede estallar en las tiernas cabecitas de nuestros pequeños y provocarles daños extensibles incluso a su madurez -caso de adultos infantilizados-
Ver televisión es ya un hábito no cuestionado entre los humanos -a los animales parece no gustarles de momento- y hay escasas investigaciones que analicen en profundidad su repercusión social. Incluso sería interesante crear agrupaciones de telespectadores activos ante el televisor o recoger en informes Pisa las horas que se dedican a ver televisión y que superan las lectivas de un curso escolar. A la gran mayoría de progenitores o adultos que utilizan a mamá televisión para tener a los pequeños entretenidos e "informados" -los más exigentes- no les preocupa comprobar su eficacia educadora.
No voy a entrar en el uso o abuso de la televisión entre nuestros jóvenes porque el mal ya está hecho y precisamente de la televisión, no suelen abusar, son otras las pantallas de las que no pueden despegarse y que inmovilizan un natural deseo de libertad sin que a ninguno -quizás haya alguna excepción- le moleste esa constante tiranía.
Es de sentido común que el abuso de algo está precedido de un consumo excesivo y todos pulsamos con ingenuidad la tecla ON de cualquier aparato pero posponemos, hasta sentir el abatimiento o la desidia, la pulsación de OFF.
Mi propuesta bajo el título "leer televisión" haría referencia al modo en el que nosotros los adultos o algunos jóvenes a los que les preocupa educar, desvelemos las condiciones en las que se realiza la contemplación del contenido televisivo para evitar esa constante manipulación de nuestro imaginario.
No es lo mismo aprender a observar de manera crítica y reflexiva -leer- que tragar sin digerir todo lo que nos aparece en una pantalla. De hecho, insito, la caja no es tonta, los tontos y tontas somos nosotros, cuando no seleccionamos previamente lo vamos a ver o no comentamos a posteriori lo que hemos visto (comentar "mientras lo estamos viendo" sería la solución más eficaz pero sólo con productos enlatados o grabados con anterioridad).
Para empezar a leer televisión o cualquier otro producto audiovisual, sería suficiente mirar con ojo crítico lo que vemos y comparar el mundo recreado en la pantalla con el mundo real. Fijaos, por ejemplo, con cuánta frecuencia, los ricos son siempre felices y los pobres infelices, o que casi siempre gana quien tiene poder y dinero, o que los adolescentes discuten o son violentos sólo por ser jóvenes; ¿habéis observado también que los hombres con mayor frecuencia que las mujeres protagonizan los
asuntos importantes?
El lenguaje de la televisión usa estos estereotipos para comunicar de manera rápida y fulminate ciertos mensajes. Quizás a los no nos engañen pero un niño, que no tiene experiencia de la vida los absorbe sin cuestionarlos pues todo lo que le rodea le sirve como información para conocer el mundo al que se expone sin la protección que da una buena actitud crítica. Esas historias y modelos configurarán una realidad ficticia de la que él nunca formará parte pero pasarán a ser el referente de su visión del mundo real. Puede que incluso imite el comportamiento de los personajes con los que se identifica e integre dichos patrones de conducta para comportarse igual y ser aceptado o tener éxito, como les sucede a ellos.
Hay algunos estereotipos base que podríamos reconocer en una primer lectura y que podrían resumirse con los siguientes arquetipos:
-Los niños representan siempre inocencia, autenticidad o simbolizan la verdad del mundo y suelen vender con rapidez cualquier producto .
-Las mujeres aparecen normalmente en todo tipo de productos audiovisuales son seductoras y están de manera incondicional a disposición de los demás porque su objetivo final es el amor.
-Los hombres son en general,fuertes, valientes, capaces e inteligentes y aunque pueden amar, aspirar al poder como meta preferente.
-Las personas mayores simbolizan la seguridad que da la experiencia pasada.
-Las famílias están representadas de manera preferente por el modelo americano de familia burguesa con dos hijos, casa, jardín y perro.
El mecanismo es simple: de cada personaje se selecciona una de todas sus características para crear un estereotipo que es un personaje super simplificado, previsible y fácilmente reconocible cuyo destino es comportarse, vestir y reaccionar siempre de acuerdo al papel que se le ha atribuido. La razón es fácil: los estereotipos dan seguridad y no es por casualidad que triunfen en dibujos animados o anuncios ya que a través de ellos los niños comprenden el mundo y también consumen más.
También por supuesto en películas, series o debates aparecen estereotipos: rubia o morena atractiva, el duro, el simpático, el intelectual... Incluso si leéis con atención informativos o programas de investigación descubriréis que también crean estereotipos que nos inducen a ver el mundo desde un punto de vista dirigido y fragmentado que no ayuda a obtener información porque la objetividad queda excluída.
La televisión influye porque recrea un mundo creíble pero manipulado. Y aunque algunos productos inspiren confianza o seamos testigos de la rapidez con la que los niños aprenden los códigos televisivos -mímicos, icónicoa o musicales-incluso antes que el lenguaje hablado, sin embargo, tenemos que ser conscientes de que también están limitados para entender algunos contenidos.
Por tanto, hay que evitar que el televisor sustituya a padres, educadores o sea el corazón del hogar. Parece inofensiva y una buena compañía porque nunca frustra, obedece a nuestros deseos, es una referencia estable, segura, y siempre disponible pero también nos impone lo que debemos sentir, desear, respetar o amar de manera oculta o subliminal.
Y concluyo con el modelo de lenguaje que difunde: bastante precario, pobre, reiterativo, uniforme y despersonalizado... apartándose así de la verdadera función que debería tener el lenguaje: EVOCAR.
















