La pluma es lengua del alma. Miguel de Cervantes.

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Si el texto narrativo actual es la imagen, ¿por qué no existe también alfabetización audiovisual de quienes más la consumen?

11/6/10

COMUNICACIÓN CORTÉS

Cultura y socialización implican la sustitución de la realidad por el lenguaje -sistema de símbolos mediante los que hacemos cosas con palabras que no están en el mundo físico (Austin, 1962). Se crea un espacio mental simbólico que nos pertenece como grupo y como individuos. Ejemplo de este es el espacio simbólico que se crea con la música, cuando los adolescentes ocupan el espacio de sus casas con el volumen de sus melodías favoritas. Las convenciones de la cortesía junto con el vocabulario, las metáforas, la gramática, las presuposiciones, los intercambios de habla, el estilo...confieren a nuestros textos una vida propia que transciende lo material.

La cortesía es una modalidad de manipulación por seducción (Greimas-Courtés 1990) que se fundamenta en un acuerdo previo entre interlocutores y en la circulación de opiniones y juicios positivos sobre las capacidades de ambas partes y a través de las que se establece una credibilidad y confianza que iniciará, continuará y finalizará el diálogo. Desde la perspectiva de la semiótica, el ejercicio de la cortesía se transforma manipulación de las identidades entre participantes (Álvarez y Espar 2002). La cortesía implica juego que construye una imagen ideal –o a su destrucción– que no tiene nada que ver con la imagen no intencional de las relaciones sociales cotidianas. En el sistema de cortesía, ser cortés implica cumplir las normas no sólo en la perfección, sino también en la imperfección. La cortesía se encuentra en la producción y en la expectativa del oyente que evalúa la acción comunicativa. El poder se ejerce a través del discurso; hay poder en el discurso y poder detrás del discurso. Cortesía y poder desde el punto de la semántica y la semiótica vista pertenecen a dos universos de sentido diferentes en nuestra vida cotidiana, sin embargo, pueden interactuar en la comunicación como mecanismos de seducción incluso según la teoría de Goffman (1967) configurando nuestros deseos a través de una máscara de lo queremos ser.

Nos aclara el diccionario que el adjetivo cortés significa : atento, comedido, afable, urbano... Por tanto ser cortés equivale a tener buenos modales - que faciliten la convivencia y mejoren la comunicación-. La cortesía se manifiesta tanto en actos comunicativos - semiótica del diálogo- como en actos instrumentales y varía según la cultura de cada país Blum-Kulka, House y Kasper (1989) demuestran que cada cultura tiene preferencias especificas por determinados tipos de estrategia de cortesía paralingüística-se usan por ejemplo más imperativos y menos 'por favor' en España que en otros países europeos y americanos, o la cultura japonesa por ejemplo, tan exquisitamente cortés, no considera necesario dar las gracias cuando la acción realizada forma parte del desempeño de una tarea o un servivio retribuído.

Cuando nos comunicamos con los demás -incluso en relaciones esporádicas- nos regimos por normas de cortesía que expresamos mediante signos específicos: tono de la voz, gestos, movimientos corporales. El tono de la voz es una de las formas universales de significar la relación entre emisor y receptor: puede ser familiar, respetuoso, irónico, imperativo, meloso Y en el tono de la voz se puede expresar cortesía o impertinencia. Labov (1972) estudia a los hablantes de clase media que usan frases de relleno como 'algo así' , cosas así, particularmente y que pueden eliminarse del texto sin alterar el significado R. Lakoff The logic of Politness (1973) establece unas reglas de cortesía en la interacción con un serie de máximas al estilo de Paul Grice: ser claro, ser cortés, no imponerse, ofrecer opciones y reforzar los lazos de camaradería. Cada sociedad tiene un modelo “correcto” para colocarse cuando las personas van a hablar.Chaika (1982) observa por ejemplo que los hablantes estadounidenses necesitan más distancia al hablar que los hispanos o los italianos. Esta variación es también de género: los hombres extienden sus piernas y brazos al sentarse ocupando un espacio mayor que las mujeres, quienes suelen encogerlas. La distancia física se “acorta” a través del contacto: darse la mano y palmaditas en la espalda cuando se saluda, acercar las mejillas simulando un beso. El contacto visual también acorta el espacio y por ello está también regulado culturalmente: no se mira, por ejemplo, ininterrumpidamente a los ojos del interlocutor, y puede haber diferencias en los modos de mirar; el hombre acata una serie de restricciones que se corresponden con otras que debe respetar la mujer... G. Leech (1983) enfoca el fenómeno de la cortesía desde un punto de vista diferente, propone un principio de cortesía completo, con sus máximas (máxima de tacto, de generosidad, de aprobación, de modestia, de acuerdo y de simpatía.) , este principio es semejante al principio de cooperación de Grice. El libro de Penelope Brown y Stephen Levinson (1987), Politeness gira en torno a la metáfora face(“cara”):"La cortesía limita el campo de acción, el deseo de cada cual de ser apreciado por los demás" La imagen pública negativa es la necesidad que experimenta cada persona de no ser molestada, la positiva es la necesidad de compartir con los demás. A partir de estos dos aspectos se desencadenan toda una serie de estrategias de cortesía con ámbitos de aplicación determinados. Leech (1993) evalúa la cortesía en términos de coste y beneficioy clasifica las acciones verbales según apoyen a la cortesía, le sean indiferentes o entren en conflicto con ella. Kerbrat-Orecchioni (1991) afirma que "la cara negativa de la imagen corresponde a lo que los etnólogos llaman el territorio del yo (corporal, espacial, temporal, bienes y reservas, materiales o cognitivas) y la cara positiva corresponde al narcisismo".

Hay análisis teóricos como el de Watts (1992), donde se diferencian estrategias de comportamiento socialmente adecuado –o políticamente correcto– de estrategias de cortesía. La cortesía exige no solamente el respeto del espacio ajeno, sino también la construcción de una imagen apetecible de sí mismo -relacionado con la máscara de Goffman-, más que del otro. La falta de cortesía puede entenderse como un problema general de "ethos"o modo de ser que señala la identidad social según el tipo de persona que se sea. Para Fairclough (1992) el lenguaje no solamente cumple una función primordial en la construcción de las identidades sociales e individuales sino que es el principal medio de poder y control social: "los modelos de lo apropiado derivan de una confusión entre las realidades sociolingüísticas (que son el terreno de la lucha hegemónica) y los proyectos políticos en el dominio del lenguaje: el orden social, es decir, un orden sociolingüístico regulado, corresponde con la noción de lo apropiado y es el objetivo político de las secciones hegemónicas de una sociedad, pero no ha sido nunca la realidad sociolingüística". Según Perelmann y Olbrecht-Tyteca (1994): "La cortesía es un contrato recíproco en el que los participantes en una interacción construyen y defienden mutuamente su rostro". La cortesía también aparce vinculada en proyectos nacionales del modernismo sobre todo a finales del siglo XIX , a la formación de una identidad apropiada para la vida ciudadana: convertir individuos inciviles o bárbaros en civilizados y que generaron manuales de adocrinamiento en la cortesía como el Manual de Carreño cuyo urbanismo divino ya no es aplicable en estos tiempos tan mundanos pero con consejillos que deberían seguir ciertos 'amigos jetas' que nunca tienen un detalle cuando se les invita (pág.6 del manual). Todos los planteamientos metafórico- pragmáticos de la cortesía presentan dos imágenes segmentadas para las que Bravo (2004) propone la llamada 'cortesía mitigadora' –de carácter negativo, generada por el peligro que representan las amenazas a la imagen del interlocutor cortesía valorizante –de carácter positivo centrada en el acercamiento y que parten de las imágenes de autonomía -ser visto con imagen propia dentro del grupo- y de afiliación - identificarse con la imagen característica del grupo al que pertenece. Se identifica la cortesía positiva como imagen favorable, ideal de persona pero en la cultura occidental y adulta. Sin embargo en la cultura occidental adolescente antinormativa el insulto también cumple la función de búsqueda de identidad.Haverkate (2004) contempla, entre los actos de cortesía positiva o valorizante, el agradecimiento y el cumplido.

 La comunicación cortés supondría -como la competencia coomunicativa- el dominio de las normas de uso y el reconocimiento de las situaciones en que ese uso es socialmente aceptable. Estas normas de uso refieren a las expectativas que tienen los participantes de la comunicación, los "sujetos" de la cortesía, y que comprenden regularidades en el comportamiento - rituales, valoraciones... Según Álvarez y Espar (2002): " Las reglas de cortesía funcionan en las prácticas lingüísticas como reguladoras del poder discursivo.La cortesía equivaldría a un topos donde no todo es lo que parece. Si alabamos por ejemplo al prójimo y dejamos de alabarnos a nosotros mismos, cedemos el poder y acatamos el "supuesto" poder del otro. pero que el alabado tenga o no poder no es lo que interesa sino que lo tendrá en la medida en que el locutor lo reconozca y que lo haga en un contexto apropiado. Incluso algunos autores como Blum Kulka (1992) muestran que una cortesía excesiva puede resultar ofensiva, por tanto lo que realmente interesa en una comunicación cortés es "la intencionalidad de cortesía". Los hablantes cultos tienen conciencia de la existencia de una norma explícita del habla que establece lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo y también el papel de los diferentes registros que utilizan el espacio aceptable y posible de variación De la misma manera hay una conciencia de una norma social que distingue lo apropiado de lo inapropiado, lo moral de lo inmoral. Concisión y claridad serían el entramado para una buena comunicación cortés. Quienes comparten unas mismas normas discursivas llegan a formar una comunidad ideológico-discursiva en la que otros mal educados o descorteses no parecen encajar-puesto que sus creencias son otras-.

 La cortesía trasciende el cumplimiento de las normas, es aprendida, es una forma de ver las cosas, una manera determinada de actuar, de entender la vida, el tacto social - la 'capacidad para el hacer intuitivo' de Goethe o 'la courtoisie', entendida como la costumbre y el arte de encontrar y emplear el tono apropiado siempre, en cada relación de persona a persona, tanto en el hablar como en el actuar. (Rumohr, Schule der Höflichkeit 1834). Alfonso Ussía en su "Tratado de las buenas maneras" afirma que: la peor plaga que padece hoy la humanidad es la de la grosería.
Y aunque los insultos - obviamente signos- son considerados por los semiólogos como formas negativas de cortesía, hoy en día es la descortesía generalizada en nuestros mundo reales o interactivos donde se ha sustituído la moral por la ética . Otro virus -el de la mala educación- invade nuestrso intercambios comunicativos orales, escritos, en directo u on line, conviertiéndolos en un espectáculo más de reality-show con pies en alto, cotufas y coca-cola. El tuteo y la mala educación -exponentes de la absoluta incapacidad expresiva- son tarjeta de visita constante incluso en nuestras bitácoras donde monstruosos 'trolls' invaden posts a sus anchas protegidos por la buena educación de quienes dialogamos en ellos. ¿Que tal poner de moda la cortesía, la elegancia comunicativa y la calidad expresiva -incluso cuando nos sentimos subestimados culturalmente? Para ganarse amigos hay que ser amable, con insultos y grosería sólo se encuentra aburrimiento.

Para ampliar:
La cortesía verbal: estudio pragmalingüístico,Madrid, Gredos, 1994
La cortesía como estrategia conversacional
Cortesía y relevancia Modelos de cortesía
Estudio de la cortesía

2 comentarios:

  1. Anónimo14/6/10 8:49

    La misma ilustración, es cierto.

    Me ha sorprendido encontrar este post, hacía muchos años que biberones, pañales y pataletas me habían apartado por completo de estos encuentros casuales con la Cortesía Verbal.

    Un artículo muy interesante e instructivo. Y sí, tienes tanta razón, cada vez hay más trolls invadiendo el espacio discursivo y llenándolo de una incapacidad expresiva que duele a los oídos.

    Henk Havertake en "La Cortesía Verbal" decía, y esto lo recuerdo con cariño, que la disculpa autónoma, es decir ofrecida voluntariamente, refuerza la imagen positiva de nuestro interlocutor. "Pérdoname", "disculpa" "lo siento"...cada vez ocupan un lugar más pequeño. Cuesta tan poco y ayuda tanto.

    Esto último lo traslado al aula donde el agradecimiento y la disculpa no debería ser siempre unilateral.

    Un saludo grande.
    Eva Jorge.

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  2. Bienvenida, Eva Jorge, como comentarista y gracias. Parece que estás en forma incluso habiendo dedicado tanto tiempo al trabajo de campo: crianza.
    La cortesía "refuerza" y liberaliza la respuesta del receptor, además de racionalizar las máximas conversacionales como refuerzo ilocutivo de lo que decimos. Aunque también es cierto que las fórmulas de cortesía deberían universalizarse porque en la cultura japonesa por ejemplo -tan respetuosa con los demás- no se considera necesario perdir por favor o dar las gracias a alguien que realiza la prestación de un servicio profesional.Saludos cordiales, Mila.

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